La Caja (no tan) Mágica de Madrid

Impulsada por el exalcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, como uno de los símbolos de la candidatura presentada a los Juegos Olímpicos de 2012, la conocida como Caja Mágica languidece sin apenas actividad. Son 300 millones de euros invertidos en la construcción de una infraestructura que, desde su inauguración en 2009, ha tenido un uso muy escaso y, sobre todo, no ha conseguido rentabilizar sus costes con una actividad continuada.

No deja de llamar la atención que la infraestructura que se iba a convertir en símbolo de la candidatura madrileña a los Juegos Olímpicos se haya convertido en un emblema del fracaso no sólo de las pretensiones olímpicas del consistorio, sino también de la incapacidad para dotar de contenido a la instalación. A excepción de la celebración del Master de Tenis de Madrid que ocupa la Caja Mágica durante un par de semanas al año, lo cierto es que poca más actividad se ha registrado. Un concierto de Lenny Kravitz sirvió para inaugurar el espacio y mayor publicidad se consiguió cuando el equipo español de Fórmula 1 HRT se alojó en sus salas algo menos de un año pagando un alquiler de 800.000 euros anuales.

A partir de ahí, algún que otro evento (la primera fase del mundial de balonmano) o el alquiler de sus salas para congresos o reuniones privadas de grandes empresas. Poco más. Y eso que el mantenimiento de la instalación supera el millón de euros anuales.

Financiada desde la extinguida empresa municipal Madrid Espacios y Congresos, el diseño de la Caja Mágica es obra del arquitecto Dominique Perrault. Para su construcción, se asumió un sobrecoste del doble del presupuesto original, lo que significa que el ayuntamiento decidió pagar 294 millones de euros. El objetivo era vender a los miembros del Comité Olímpico Internacional (COI) que Madrid disponía de las infraestructuras necesarias para celebrar unas Olimpiadas. Así que Ruiz-Gallardón, hoy Ministro de Justicia, abordó desde el ayuntamiento la construcción de esta infraestructura, además de la del Centro Acuático, otra instalación a medio hacer en la que falta todo por realizar todo el acondicionamiento interior. Es decir, que son necesarios otros 48 millones de euros para que los madrileños pudieran disfrutar de una infraestructura que constaba de cuatro piscinas acondicionadas con los últimos avances en tratamiento de aguas, climatización y energías renovables.

La herencia está envenenada. La inversión realizada desde Madrid Espacios y Congresos ha tenido que ser asumida por el organismo municipal Madrid Destino Cultura, Turismo y Negocio. Y, por lo visto, también asume similar filosofía. Desde la institución que antes gestionaba el recinto, se indicaba que “aún siendo una instalación deportiva magnífica y única está situada en un lugar con algunas dificultades de acceso para los organizadores de eventos. Por ora parte, su ruta precisa mejoras de señalización”.

Con la administración con serios problemas económicos (Madrid es el ayuntamiento más endeudad de España) y la incapacidad de encontrar la forma de llenar de contenido y aprovechar el recinto, la única solución factible parece ser vender la instalación. Pero habrá que marcar un precio de salida y lo lógico es pensar que, por lo menos, sería conveniente que la administración recuperara el dinero invertido. Es decir, 300 millones de euros. Solo hay que encontrar a alguien dispuesto a hacerse con un recinto deportivo donde caben tres pistas de tenis y que la sección de baloncesto del Real Madrid decidió abandonar tras jugar allí una temporada. El motivo no fue otro que las críticas realizadas por sus seguidores en cuanto a los servicios, la aclimatación y las dificultades de transporte.

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